Nos gusta, nos fascina, vivimos el Chile actual como un tiempo de paz, de prosperidad. Un momento histórico que comparado con cualquier otro, es simplemente mucho mejor.
El sueño y las fantasías son celosamente protegidas por los medios de comunicación, los resguardan, los mantienen, los generan. Producen nuestro tan tierno encantamiento que vivimos como realidad.
Pero nadie es obligado a esto, nadie está forzado a vivirlo. La televisión, el Internet, resultan grandes compañeros en nuestra privacidad, esa soledad abrumadora que es condición para estar hechizado, y que es resultado directo del tipo de sociedad en el que estamos viviendo.
Una vida monótona, un circuito cerrado de actividades que enfrascan todas nuestras posibilidades.
Que nos ciegan a la “otra realidad”, a la vida de los demás, del vecino, de quien va sentado junto a mí en la micro. Los neones neoliberales nos deslumbran y nos aturden en esa caja oscura en la que se ha transformado nuestra vida.
La empatía es ahora un bien escaso, la indolencia una característica de nuestro tiempo.
Somos sombras que se diluyen cuando las tiendas encienden sus luminarias. Somos espectros que recorren sin destino los laberintos de nuestra individualidad.
Y así se fragmenta a la gente, se dispersan los horizontes y se destruye lo concreto, lo real. Vivimos el espectáculo que las clases dominantes nos imponen como forma de ocultar nuestra esclavitud.
Las personas se desorientan en las variedades del mercado, se enajenan en múltiples identidades artificiales. En la actualidad no somos más que robots programados para comprar y aparentar.
No obstante la realidad existe, es “real”. Nos sigue, nos pilla de sorpresa, cuando nos atienden en el consultorio, cuando se nos llueve el colegio o cuando tocan la puerta los encargados de embargar nuestras últimas pertenencias.
Imágenes de violencia, pobreza y abuso que nos abofetean a cada instante, en cada cuadra. Mientras más brillan los anuncios mercantiles más profunda es la oscuridad de las sombras sociales que intenta disimular.
La gente se frustra y ni el consumo las satisface. Las épocas de crisis remecen como los sismos la tan frágil seguridad cotidiana de que todo seguirá igual, así, por siempre…
Respuestas viejas a preguntas nuevas. No es casual que la política bajo todo punto de vista sea mal mirada. La corrupción y la impotencia civil terminan el cuadro de nuestra idílica dictadura mercantil.
Pero aún así nos encanta, un placer culpable dirán algunos. Más Yo tiendo a pensar que las sonrisas que abundan son realmente una mueca, un gesto que oculta un dolor que la vieja izquierda aún no puede comprender.
Como un espectro resentido que se oculta en la oscuridad de las esquinas, los ecos del sentir estudiantil resuenan pálidamente tras cientos de deseos frustrados e injusticias malsufridas. Su espacio es ocupado por la grandilocuencia de los gritos ideologizados, los sollozos insufribles de nuestros mártires sociales y la infaltable e inentendible retórica abstracta de los expertos y sabiondos revolucionarios. Apoyados tras una puesta en escena farandulera y un voluntarismo que multiplica sus fuerzas, aparentan manifestar el sentir del estudiantado en su totalidad, ni más ni menos que bajo sus propios cuerpos, que de una manera mágica expresan la diversidad humana en su particular línea ideológica. Su arma particular es la asamblea, pero llevada a su extremo ideológico del asambleísmo. Toda política estudiantil y humana en su concepto, debe recaer en la mera forma de la asamblea. Sin un argumento de fondo para defender esta idea, se especializan en destruir y exterminar todo intento por construir nuevas formas de organización para el estudiantado. Afilan sus lanzas contra la primera línea opuesta que son las organizaciones burocratizadas, y extienden su crítica a toda otra forma posible de política, reduciendo el espectro de posibilidades al dicromático mundo de la “democracia directa” y “el autoritarismo burócrata”. No caben más posibilidades fuera de esta lógica dual, no puede haber más, el mundo se finaliza en tanto ellos no lo puedan manejar. Desde la toma del 2006, las banderas del asambleísmo han estado izadas como sinónimo de organización universitaria. Conflicto tras conflicto, propuesta tras propuesta, el asambleísmo ha sido la guía para nuestra inmovilidad actual y para todos los fracasos e inoperancias del estudiantado en todos los ámbitos posibles. Pero claro ¿Cómo plantear la solución a todos nuestros problemas (el asambleísmo según ellos) si el estudiantado resulta indiferente? Mejor sería preguntarse ¿No es precisamente la participación del estudiantado en la construcción de nuestra comunidad por donde se puede medir la eficacia de algún tipo de orgánica? ¿No es ahí, en dónde se evalúa realmente que orgánica se necesita para resolver nuestros problemas? Es en este momento en donde el castillo de la “asamblea general” levanta la puerta de entrada y deja a las otras propuestas al otro lado de la muralla. No se extrañen si las asambleas generales de Arcis no alcancen siquiera el diez porciento del estudiantado, mucho menos se alarmen por la indiferencia de la mayor parte de nuestra comunidad. El problema compañer@s es el capitalismo. No obstante ¿Qué cosas concretas han logrado las asambleas generales si no es desmovilizar y fragmentar al estudiantado? ¿Qué argumentos prácticos tienen para defender una orgánica que año tras año muestra su inoperancia? ¿Qué hay detrás de esta fe en la asamblea, cómo único curso posible para nuestra acción política? El prejuicio, los aprioris ideológicos, las nociones totalitarias entre otras. En un sentido más profundo, lo que hay detrás es la política vanguardista. Es dentro de esta dicotomía entre “ultras” y “burócratas” en donde la política vanguardista se hace efectiva. Cada interés ideológico pretende hegemonizar las opciones políticas del estudiantado en una guerra total con las propuestas diferentes. Un show de canibalismo político típico de la política de izquierda del siglo XX. Sin embargo ¿Qué obtiene el estudiantado después de que se dispersa el humo de la pólvora que se ha disparado? Frustración, decepción, desconfianza e indiferencia. No se preocupen compañer@s, el problema es el capitalismo. Es en este punto en donde una nueva política estudiantil debe partir con sus razonamientos ¿Si las peleas ideológicas que siempre se diluyen en el agua de la indiferencia no han contribuido en algo? ¿Eventualmente que podría cambiar esta situación? Afirmo que la práctica concreta de la organización del estudiantado, permitirá que nuestros compañer@s vean verdaderas opciones de cambiar esta situación, de obtener beneficios, de generar un contrapoder por parte del estudiantado y de dar inicio a todo un proceso de transformación de nuestra comunidad universitaria. Sea la forma que adquiera la organización, en la medida que resuelva los intereses del estudiantado, bajo su voluntad soberana, una verdadera política democrática y antiautoritaria puede surgir por sobre las premisas ideológicas y los intereses partidarios. Es tarea de todos resolver este problema eminente orgánico a la vez que práctico, es necesidad de todos comenzar a conectar las ideas y voluntades dentro de un verdadero movimiento estudiantil, que nos saque del anonimato político en el que se encuentra sumida (paradójicamente por su discurso) nuestra universidad. Sólo en la medida que concreticemos nuestras aspiraciones reales, podremos transformar esta inmovilidad asfixiante que nos tiene amarrados a una indiferencia y frustración generalizados. Reunir los intereses del estudiantado, objetivarlos en una orgánica concreta, realizarlos, he ahí las tareas que debemos llevar a cabo para levantarnos, construir, sumar y empujar pa´delante. Y no nos vengan con que también han sido estas, aspiraciones de la famosa asamblea general que tras varios años ha conseguido nada. Eso es lo que nos diferencia a nosotros, en cuanto tenemos un proyecto concreto de orgánica, soberanía, voluntad y realización del movimiento estudiantil en Arcis. He ahí la diferencia entre lo concreto y la nada.
Y por fin se dispersó el gris y asfixiante humo, dejándonos ver que nosotros mismos nos enredamos en una lucha estéril.
De una vez por todas se han revelado las verdaderas razones del silencio de las autoridades universitarias, es ahora cuando realmente podemos enjuiciar lo que sucedió en Arcis.
Luego de una semana de extrañas movilizaciones, en donde el griterío reemplazó a un real movimiento de masas, acompañado del más místico y esotérico silencio por parte de rectoría y sus asociados, el día jueves nueve de Abril, la Universidad Arcis, a través de rectoría, el tribunal universitario y la asamblea de la corporación de nuestra universidad, emitieron una extensa declaración en donde se explayan sobre los hechos que resultaron en la expulsión de siete alumnos de la universidad, con el posterior reintegro de dos de ellos. A su vez, detallaron el procedimiento que se llevó a cabo para efectuar la expulsión y las distintas resoluciones que cada instancia universitaria redactó a su juicio.
En síntesis, a raíz de los hechos ocurridos el 25 de Marzo del 2009 (Conmemoración del día del joven combatiente, que terminó con barricadas en el exterior de la universidad y que finalizó con enfrentamientos contra carabineros), el rector expulsó a siete alumnos por la siguientes acusaciones: “organizar, dirigir y apoyar la ejecución de las acciones violentas que no solo se reducen al lanzamiento de bombas molotov sino, también, entre otros actos condenables, tomar violentamente el control de las puertas de acceso, reducir físicamente a los guardias, manipular y esconder en los casilleros los artefactos incendiarios, etc.”
Frente a esto, diversas agrupaciones y alumnos (fundamentalmente Historia), iniciaron un notable proceso de discusiones y acciones, con el cual se pretendió paralizar la Universidad hasta que se reintegraran los compañeros expulsados.
Esta situación intentó profundizar una serie de situaciones candentes, como la deficiente organización estudiantil, la delimitación de la violencia y el papel de la Universidad como instancia política, entre otras cosas. Aunque también es importante señalar, que por otro lado, aparecieron ciertos delirios vanguardistas de agrupaciones afiebradas, que pretendieron y lograron hegemonizar gran parte de la discusión, acompañados de la reacción desproporcionada de los sectores más conservadores de la izquierda tradicional.
En un artículo anterior advertí cómo la oposición de intereses entre estos dos sectores políticos dentro de la universidad, envilece y podía desvirtuar este incipiente movimiento estudiantil. Ahora, con un par de días de distancia con respecto a las resoluciones, percibo con tristeza cómo su acción destruyó este pequeño germen de organización estudiantil.
Nuevamente las vanguardias ultraizquierdistas y de derecha, han abortado un embrión revolucionario.
Es indignante observar cómo ciertas agrupaciones que decían apoyar el reintegro de los alumnos expulsados, intentaron imponer sus intereses minoritarios, como la legitimación de la violencia vanguardista y el impedimento de cualquier tipo de investigación, o en definitiva y a modo general, la realización de un borrón y cuenta nueva de lo que sucedió, y la legitimación de este tipo de acciones que ellos denominan “lucha social” (no hay que detenerse en la concepción infantil de lo que esos sectores entienden por lucha)
Contradiciendo de ese modo la declaración que los alumnos expulsados emitieron, especialmente el punto b) de sus exigencias, el cual señala: “Si la universidad decide investigar los hechos, el órgano que investigue debe ser imparcial, elegido democráticamente, y siendo partícipes tanto alumnos, profesores y funcionarios.”
Es bochornoso observar, como los fundamentalistas de la izquierda derrotada intentan cumplir sus sueños totalitarios dentro de nuestra universidad, utilizando cualquier herramienta que les permita cumplir con sus objetivos, pasando a llevar todo lo que el proyecto Arcis ha intentado generar en sus años de historia, es decir: una universidad crítica, contestataria, reflexiva, diversa y creadora. En donde todas las manifestaciones de la izquierda tengan cabida de manera democrática y por tanto legítima.
Las autoridades, precavidos por su olfato político, guardaron silencio toda la semana anterior, analizando qué brotaba de esa semilla estudiantil.
Supo utilizar perfectamente la confusión, la división y la prolongación del proceso. Ya es sabido que el evento de la molotov fue un mero montaje para ganar tiempo y legitimidad.
Los colectivos vanguardistas, haciendo gala de su nula experticia política, hegemonizaron la discusión y la práctica, llevando lo poco que se había creado, como las asambleas por carreras y la expectación por lo sucedido, al abismo de la derrota, de la frustración y de la impotencia.
Y de la organización estudiantil ya nadie se acuerda, siquiera aparece como urgencia para la universidad. He ahí el real interés de los colectivos universitarios por generar movimiento estudiantil.
Se ha aludido de que esto es una persecución política a “luchadores sociales”. Que la universidad persigue a todo quien intenta crear organización estudiantil, o más aún, que la vinculación de Arcis con el Partido Comunista, resulta en una persecución política a los sectores molestos para la Concertación, todo esto inmerso en el proceso de alianza entre el P.C. y la Concertación.
Me parece que ese argumento es criticable en primer lugar, porque es bastante evidente que tanto para la Universidad, como para un partido político o el gobierno actual, estas organizaciones son lo suficientemente inofensivas como para preocuparse de efectuar estos tremendos montajes policiales. Pienso que esto sólo es resultado del ego inflado de ciertas personas y ciertas organizaciones que se creen centrífugas del acontecer político.
Por otro lado, de ser realidad ese argumento, es evidente que los perseguidos no serían los alumnos y las organizaciones que están detrás de la reintegración de los estudiantes expulsados, sino las organizaciones que tienen un real trabajo político, que concretamente podrían amenazar al orden actual.
Sostengo que lo que sucedió, no es más que el estreno del nuevo dispositivo que las autoridades universitarias pretenden usar para ofrendar a las autoridades académicas y a los gobiernos de turno. Todo esto, con el fin de limpiar su imagen e insertar a Arcis en las grandes ligas universitarias.
Afirmo, que los alumnos expulsados no son más que chivos expiatorios para exculparse como universidad, de los hechos acontecidos el 25 de Marzo.
Pienso firmemente que este mecanismo, vale decir: cada vez que sucedan manifestaciones violentas, se agarra un puñado de alumnos y se los sanciona. No es más que la nueva figura que adquiere la acreditación de Arcis, y la manifestación autoritaria que el proceso de acreditación está manifestando.
En definitiva, estamos presenciando el nacimiento del “Nuevo Trato” de la universidad Arcis a sus alumnos. Un nuevo orden universitario, que aumenta la urgencia del nacimiento del tan anhelado movimiento estudiantil arciano.
Es evidente que el conflicto actual en Arcis, más allá de los hechos que le han dado inicio, trastoca en el fondo a una serie de intereses que se expresan en el contenido con el que se desea impregnar nuestro proyecto de universidad.
Para todos ya son conocidos los hechos que acontecieron el 25 de Marzo pasado. Sin importar la forma que algunos le den, lo concreto es que luego de una conmemoración al interior de la universidad, se realizaron barricadas en Erasmo Escala y en Libertad, a lo cual acudieron los carabineros, resultando todo esto en un enfrentamiento en el cual se vio involucrado un furgón escolar con alumnos de la escuela que queda enfrente de la universidad, y una molotov que casi estalla en el vehículo.
El rector, utilizando una resolución de emergencia y citando a la mesa directiva de manera urgente, decide expulsar a cinco alumnos (posteriormente se expulsan otros dos según se nos informó en la asamblea) afirmando tener la pruebas suficientes para inculparlos en el incidente del furgón.
La reacción estudiantil ha sido inmediata, primero en defensa de los alumnos expulsados, presumiendo su inocencia (porque nadie ha presentado pruebas de lo contrario, salvo ciertos testimonios) y luego en la organización del estudiantado como un movimiento estudiantil conciente y sistemático, que sea capaz de resolver este y otro tipo de cosas que a la larga, son necesarias e importantes para nuestra vida universitaria.
Poco a poco las asambleas se han erigido como la forma que está tomando este movimiento, a la vez que expresión de un interés real por lo que está aconteciendo.
Pero aquí surge un problema bastante profundo, que lentamente y a espaldas nuestras, está impidiendo que el movimiento estudiantil adquiera una autonomía real a la hora de tomar decisiones, a la vez que envilece las asambleas y las reales posibilidades democráticas que puede tener nuestro movimiento.
Las asambleas se han hecho con la consigna de que sólo quienes participan dentro de las asambleas deciden las acciones que la comunidad universitaria debe realizar.
Este preciosismo de democratismo ya nos revela un poco quiénes realmente están interesados en legitimar el movimiento tal cual está.
Hasta el momento la gran mayoría del alumnado no ha participado de lo que está sucediendo, y esto es tan real que a pesar de los llamados a paro, las clases se han hecho de manera normal. Se alude a que no se puede obligar a los demás estudiantes a participar, pero con esto sólo se oculta, que si la gran mayoría del estudiantado no participa de las asambleas es precisamente producto de que no sienten que la organización universitaria o es a) necesaria o es b) efectiva.
Las asambleas deben estructurarse de manera regularizada, con el fin de transparentar y hacer efectivo el poder de las bases sobre las decisiones que se toman. Una asamblea general en la que participan en su gran mayoría los interesados en defender una sola postura, o en concreto, los colectivos y grupos de amigos que se pusieron de acuerdo para defender a nuestros compañeros expulsados bajo unas exigencias planteadas de manera unilateral. No solo le quitan legitimidad a dicha asamblea (y quizás a todas las demás) sino que de manera profunda, coartan el crecimiento del movimiento estudiantil y sus posibilidades.
Todos sabemos que desde la exigencia de justicia hacia los compañeros y la necesidad de articularnos, se ha pasado a una serie de exigencias que suelen venir siempre del mismo grupo, que se plantean para decidirlas con un simple sí o no, que se resuelven por ellos mismos en las asambleas supuestamente generales.
Hasta ahora, la lista de exigencias según la última asamblea establece a) el fin del tribunal universitario, b) la expulsión del rector, c) reintegro de los expulsados sin investigación, d) paro indefinido hasta que se resuelvan las exigencias y una serie de demandas laborales en defensa de los trabajadores y profesores de la universidad (curiosamente sin que ninguno de esos estamentos estuviera presente).
No es un misterio para nadie la conexión que hay entre estos grupos que plantean las exigencias de manera concertada, los hechos que ocurrieron el 25 de Marzo y los alumnos expulsados. No es secreto para nadie que estos grupos son determinados colectivos que hace bastante tiempo han querido hacer de sus actividades vanguardistas, una expresión popular.
Pero la realidad es otra, toda su retórica reivindicativa, social, popular o “revolucionaria”, no son más que una manera de ocultar el vanguardismo inútil y adolescente de ciertos grupos, que al parecer, hacen de la violencia vanguardista y el vandalismo una forma de lucha.
Sin embargo, este no puede ser un argumento contra las asambleas universitarias, que son instancias que se necesitan y cuya realidad se está desarrollando en la actualidad. Más bien pretendo esbozar una crítica contra esos grupos determinados, conocidos por todos, cuya acción en vez de incidir en la lucha contra el capital, sólo le dan justificaciones y legitimaciones para reprimirnos y para aislarnos como posibilidad política.
Pienso que es necesario impedir y detener el envilecimiento de las asambleas, y para llevarlo a cabo debemos democratizar, transparentar y sumar la mayor cantidad de estudiantes dentro el movimiento.
Las exigencias actuales responden a un intento para exculpar a los responsables de lo que sucedió el 25 de Marzo, a la vez que pretenden generar las condiciones para legitimar ese tipo de acciones, que según demuestra el actuar del estudiantado, sólo se manifiestan como vanguardias minoritarias en vez de expresión de un sentir real de los estudiantes.
En definitiva, se pretende imponer (y ya es de Perogrullo pues el concepto vanguardia lo resume todo) ciertas posturas, ciertos modos de lucha y ciertos objetivos, de manera externa y superficial.
Pero, desde un punto de vista diferente y tomando en consideración todo lo anteriormente dicho, no se puede desconocer a su vez, el envilecimiento de las estructuras administrativas de la universidad, el actuar unilateral del rector y la manera en como la universidad se proyecta con una misión crítica, revolucionaria y contestataria.
Aquí presenciamos la otra cara de la moneda, el lado de la institucionalidad y de las organizaciones partidarias que defienden sin cuestionamientos el desarrollo actual de nuestra universidad. Una defensa quizás dogmática e interesada, que no permite ver por qué hechos como estos generan ebullición y por qué aún no existe movimiento estudiantil (tal como sí existe en las universidades de verdad).
Las vanguardias burocratizadas sólo responden a los dictámenes de sus estamentos superiores, defienden sus intereses y tienen todo un ideario retórico y simbólico para mostrar su postura.
Estos sectores también envilecen el movimiento estudiantil actual, deslegitimando el contenido y no la mera forma de las asambleas, desconociendo el actuar real del estudiantado y pretendiendo mantener el estado actual de cosas, que de una manera u otra sólo se puede ocultar como la mugre bajo la alfombra.
Las actividades violentistas de determinados grupos vinculados a la universidad, es un tema importante a debatir pues incide profundamente en el proyecto universitario que pretendemos construir. Por otra parte, la unilateralidad y el alejamiento de las decisiones que conciernen a la universidad tocan el trasfondo real del asunto, al final, lo que está en juego es el papel del estudiantado dentro de la universidad, más allá de las contradicciones entre ciertos intereses o de las consecuencias que tiene el actuar de pequeños grupúsculos.
En conclusión, estamos frente al eterno conflicto de nuestra izquierda, a la típica colisión entre vanguardias que se enfrentan de manera irreconciliable, obviando que el enemigo real está en el poder, vigilándonos, controlándonos y reprimiéndonos.
Estamos en presencia de dos posturas extremistas, en la cual unos alegan que los incidentes del 25 de Marzo deben olvidarse, al igual que las sanciones y toda investigación pertinente, lo cual en su extremismo más absoluto resulta en un intento por legitimar la violencia vanguardista y generar las condiciones para que nuestra universidad sea una plataforma para este tipo de acciones. Y por otro lado, están quiénes pretender controlar la universidad tal cual fuera nido de delincuentes, confundiendo ciertos procesos como la acreditación o la imagen de la universidad, los cuales deben ser resultado de la participación del estudiantado en vez de un impedimento estructural e institucional sobre este. Dicha postura, llega a su extremismo absoluto en los planteamientos que pretenden que Arcis sea un nuevo refugio para el gran hermano de G. Orwell, una delicia para los nostálgicos del totalitarismo del socialismo real.
Es en estas posturas en donde se revelan sus verdaderos intereses, el trasfondo real de lo que está aconteciendo. Nosotros, el estudiantado, debemos luchar por una organización real, que participe de la vida activa de la universidad, que exija una aclaración de los hechos y del proceso, que tenga facultades para intervenir y construir lo que es asunto de todos nosotros como comunidad.
Debemos impedir las imposiciones de estos vanguardistas adolescentes y de los vanguardistas trasnochados, porque al final son la misma moneda de la derrota histórica que vivimos como izquierda.
Debemos en definitiva, acabar con esta situación y crear paso a paso vida universitaria.
La acreditación, el prestigio y el reconocimiento, sólo pueden ser resultados de nuestro actuar como conjunto, como estudiantado, que reconoce que es diverso y se respeta en la multiplicidad. Que genera estudiantes y conocimientos críticos, reflexivos y revolucionarios. Que sea umbral para el enfrentamiento contra el poder actual.
Tarde de un lunes treinta de Marzo, las tranquilas clases de nuestra céntrica universidad son interrumpidas por vociferaciones ininteligibles, una algarabía rabiosa nos hace escuchar su firme paso. Algo realmente importante debió suceder. Luego de un recorrido en fila hasta el patio central, se nos informa que los estudiantes de historia están movilizados en contra de unas expulsiones que ellos califican de arbitrarias. Más tarde, y una vez dentro del patio de rectoría, se nos entrega un pequeño volante en donde se detallan los hechos que gatillaron dicha manifestación. Se dice que en ciertos incidentes ocurridos el veinticinco de Marzo, a propósito de la conmemoración del día del joven combatiente, cinco alumnos de nuestra universidad se vieron involucrados en funestos desmanes y enfrentamientos con carabineros. El resultado: la expulsión de dichos estudiantes sin juicio previo. Todo esto directamente emanado desde la mismísima mano del rector. Fue en frente de la puerta del despacho de éste, en donde una furibunda muchedumbre de estudiantes varios, principalmente de historia, quisieron exigir el reintegro inmediato de los expulsados y una investigación imparcial de los hechos. Se alega que sus compañeros no son culpables de lo que se les acusa, pues son testigos de que ellos no estaban en el lugar de los hechos. El encuentro dio lugar a las más variopintas formas de expresarse. Las recriminaciones, amenazas, insultos y picardías fueron la tónica de ese enfrentamiento sin resolución, la retórica revolucionarista barata se utilizó como parafina para incendiar los ánimos de jóvenes en su mayoría incautos. La politización forzada simplemente estaba de más. Pero lo más importante de todo, es que la carrera de historia realizará un paro a modo de protesta y presión, a la vez que pretenden hacerlo extensivo a toda la universidad. Compañeros, ya saben cuál era el plato fuerte de la galería: ¡Avanzar, avanzar, hacia el paro general! Sobre esto es necesario echar un poco de agua sobre tan sorpresivo fuego, y así ver con claridad qué es lo que realmente se está quemando. Es cierto que todos los estudiantes debemos hacer que se respeten los derechos que orgánicamente hacen funcionar a nuestra universidad. Es intolerable que se expulsen alumnos, profesores o trabajadores de cualquier índole, sin llevar a cabo los procedimientos que establecen nuestras normas internas. No es necesario en este punto polemizar porque es evidente que todos estamos de acuerdo. Si en efecto la expulsión de estos cinco alumnos se llevó a cabo saltándose los procedimientos universitarios pertinentes, no solo debemos exigir la normalización de esta situación, sino a su vez una cuenta pública por parte del rector, en donde nos explique la naturaleza de su actuar. No podemos en este punto reclamar en base a suposiciones. Mientras más se transparente el caso, mayor fuerza y credibilidad cobrará la reintegración de los estudiantes expulsados. Por otro lado, también debemos exigir a los estudiantes que convocan al paro, la presentación de las evidencias que hacen de sus exigencias un reclamo justo y verídico. Sería una irresponsabilidad y un extremismo realizar acciones tan radicales sin la certeza de que por lo que se lucha es justo. Es su deber, a cambio de la solidaridad que nos solicitan, que nos muestren con hechos que lo acontecido según ellos es real. Sólo a través de esto se podría justificar una movilización generalizada, a la vez que desmentir que sólo se trate de chiquillos acalorados que se dejan llevar por su frenesí revolucionarista. Pienso que las asambleas de las demás carreras, una vez en posesión de las evidencias y de los argumentos que fundamentan la lucha, deben decidir democráticamente si se realiza un paro o se continúan con las clases normales. Debemos evitar de cualquier manera las imposiciones vanguardistas en las que algunos grupúsculos conocidos nuestros suelen caer. No debemos ideologizar lo que esperamos sea una política concreta. Pienso que la retórica que se ha usado, ideologiza de manera inconveniente una manifestación concreta de nosotros como cuerpo estudiantil. Hasta el momento las autoridades universitarias han tratado de suavizar el discurso crítico y contestatario de nuestra universidad, con el fin de aprobar las evaluaciones educacionales que nos realizan las instituciones gubernamentales. Quizás es dentro de este sentido, en cuanto a la limpieza de imagen de Arcis, en donde podemos encontrar las explicaciones de cierto trasfondo político en el actuar de la dirección universitaria. Toda otra acusación debemos fundamentarla, y de ser cierta debemos combatirla. Pero sólo con la fuerza que nos den nuestra organización y la participación de todos nosotros en las cuestiones que atañen a nuestra universidad. Reitero, es necesario evitar el vanguardismo de ciertos grupos, que a falta de práctica en política concreta, buscan cualquier excusa para estrenar sus retóricas espectaculares y sus shows de fuegos artificiales, los simulacros de los niñitos que juegan a la revolución. Es nuestro deber que se explique, transparente, justifique y actúe según las normas que regulan nuestra vida universitaria, caso contrario nuestras movilizaciones están completamente justificadas. Es necesario que nos organicemos de manera responsable y demos pronta solución a este conflicto, no arriesguemos nuestra vida académica si no es por causas justas, que como fin último debería resultar en el proyecto de universidad que todos deseamos construir: crítico, contestatario, democrático y revolucionario. Las autoridades siempre nos deben dar cuenta de todo su actuar.
Sucede con nuestra izquierda, que a la pereza práctica, a nuestros errores tácticos y estratégicos, a las famosas alianzas pomposas e infructuosas, a la falta de claridad y definición ideológica, entre muchas otras cosas más, o en definitiva, a todos los pasos atrás que retrocedemos en nuestra tortuosa marcha revolucionaria, la achacamos a factores externos que nada dicen del resultado real de nuestro propio actuar. De inmediato aparecen las bombas de humo, las explicaciones ad hoc y los viejos sabelotodo que con su condescendiente mirada nos explican nuestra retirada. A fin de cuentas, todo se resume en las mismas causas de siempre: el poder de los burgueses, la constitución del ochenta, la enajenación de los trabajadores a través del consumo y los medios de comunicación, la opresión policial, etc. En síntesis, no están las condiciones “objetivas” ni “subjetivas” para hacer política revolucionaria. En concreto: el oportunismo se instala firmemente en nuestra aún minusválida izquierda, y viste con su retórica política las luchas que poco a poco comenzamos a levantar. Por cierto, esto también revela la gran mediocridad en la que se desvanece la política revolucionaria dentro de nuestra izquierda. La pequeñez de las expectativas políticas, el descaro de los oportunistas que como sea quieren ingresar a las filas burocráticas de la dominación actual. La ilusión de creer que estamos avanzando cuando en realidad nos estamos cayendo. Es que ya han pasado más de 18 años desde que volvió la “democracia”, y hace bastante tiempo que la Concertación perdió la legitimidad de haber derrotado como estructura política a la dictadura pinochetista. ¿Qué puede justificar entonces que en la actualidad la izquierda sea una fuerza política tan pequeñita que siquiera es capaz de amenazar en algo a la dominación imperante? Entre tanta chimuchina y las justificaciones más conocidas a este respecto, suele aparecer con regularidad el hecho de que nuestro sistema electoral posee un régimen binominal, vale decir, que se priorizan dos agrupaciones políticas mayoritarias, por sobre las mayorías particulares. He aquí para algunos el quid de la cuestión, el corazón de nuestro problema, la solución al enigma. No se preocupen compañeros, porque quizás, cuando acabe el binominal, el rojo amanecer se comenzará a vislumbrar. Pero el asunto no es tan simple (ojalá lo fuera). Sin lugar a dudas, es indesmentible que el binominal juega un papel importante en la exclusión de la izquierda en la vida política nacional (ojo, no solo en la política institucional), pues condiciona la opinión pública a favor de quienes participan activamente de la institucionalidad, desfavoreciendo enormemente a las minorías excluidas. Además, restringe los espacios políticos legítimos en donde se deciden las grandes acciones. No obstante, es absurdo, ingenuo o quizás malintencionado, justificar en el binominal la gran mayoría de las causas de nuestro precario estado actual como posibilidad política. Más profundamente, las justificaciones por el binominal se han convertido en justificaciones genéticas de nuestra mediocridad política real. Algunos justifican su tabaquismo por un problema de genes, otros apelan a que su alcoholismo se debe a que sus padres también fueron alcohólicos. Nosotros decimos: lo que pasa, es que la culpa la tiene el binominal. ¿Es acaso el binominal lo que nos da vida, lo que nos estructura, lo que nos determina? ¿Es una particularidad en nuestra historia política lo que imposibilita un mayor desempeño en la lucha revolucionaria, en la lucha de los trabajadores? En primer lugar, esto revela una preponderancia injustificada de lo político por sobre lo económico y social. Una preferencia por la política cupular, vanguardista y burocrática, que tantas derrotas y fracasos ha acumulado en su extenso prontuario. Por otro lado, esto limita el rango de acción de la lucha popular, generando necesidades artificiales encima de las necesidades reales de los trabajadores. Eso sí, con esto no quiero decir que cambiar el régimen binominal no sea importante o necesario dentro de la política de nuestra izquierda, sino más bien, deseo señalar simplemente que no ha surgido como una necesidad de los trabajadores ni mucho menos como una expectativa política aspirada por ellos. Por el contrario, tal cual está planteada la lucha por el binominal, ésta simplemente es una urgencia para determinados partidos, no para la política sindical y mucho menos para la lucha revolucionaria. Si el escenario fuera al revés, serían las masas quiénes exigirían un plebiscito para cambiar no solo el binominal, sino la constitución del ochenta completa. Serían las necesidades del pueblo y su comprensión política las que resultarían en un cambio tan drástico para nuestro régimen político postdictatorial. Pero lamentablemente, en la actualidad es imposible tener un optimismo tan entusiasta, y mucho menos pretender que las cosas se realizarán sin que nosotros movamos un solo dedo. La realidad, es que estamos avanzando hacia atrás. Tanto más la política contra el binominal es una política de alianzas con la Concertación para tener un par de puestitos en el congreso, tanto más se revela la mediocridad, la irracionalidad y el colaboracionismo explícito con que esta lucha política se está llevando a cabo. No solo porque a más de tres años de conversaciones no se ha obtenido nada, y que estemos ad portas de una alianza electoral con los mismos que nos engañan cada elección para que nuestros votos los salven contra la derecha. Sino porque estamos siendo instrumentalizados para legitimar la democracia postpinochetista. Ya se ha hecho más que evidente que la lucha particular contra el binominal, y general contra la constitución del flan Guzmán, sólo podrá ser vencida por las masas del pueblo, por una voluntad de cambio real, que socave los pilares jurídicos y políticos de la dominación neoliberal. Ahora. Ya debería estar más que claro, que una crítica así no es una mera crítica de principio en contra de las alianzas con la socialdemocracia derechista, pues eso sería infantilismo puro. Lo que pretendemos con esta crítica es mostrar cómo nos estancamos y a veces retrocedemos con nuestras justificaciones ad hoc de la mediocridad de nuestra política real actual, en la protección gremial de nuestros dirigentes y sus políticas bastante poco acertadas. En definitiva, demostrar que con explicaciones genéticas de nuestro mal actuar, no llegaremos más lejos que lo poco y nada que tenemos actualmente. Los expertos aseguran que la determinación genética incide en un 30% en la conducta de las personas, y que el otro 70% depende de diversos factores sociales, como la educación, la socialización, la sociabilidad etc. Pero fundamentalmente, de la capacidad propia, de la voluntad por mantener o impedir ciertas conductas que pueden alterar nuestras vidas. El poder está en nuestras manos…
Y cuando todos creíamos que íbamos a meter el tan anhelado gol, cuando se habían alejado todos los fantasmas de las lesiones y la farándula, en un momento en que la alineación de los planetas nos favorecía, con dos jugadores expulsados en el bando contrario y más importante aún, cuando toda la barra había vuelto a creer, había izado todas sus banderas y se había hecho presente como una enorme marea roja en un estadio completamente lleno.
Nuevamente nos vencieron, nos apabullaron. Otra vez los hinchas nos retiramos decepcionados a nuestras casas.
Es que esos tres autogoles nos dejaron la moral en el suelo, ni hablar de los cinco que nos metieron los rivales. Entonces, Yo me pregunto ¿Con qué moral nos piden que vayamos al estadio la próxima vez?
Iba a ser un hecho histórico, inédito considerando el panorama actual. No obstante, no podía ser mejor este momento, nunca en este período postdictatorial habían coincidido la crisis neoliberal, el desgaste de la Concertación y la carencia de apoyo hacia la derecha. Hace bastante tiempo que el clima internacional no nos tiraba brisas cálidas para nuestro sector. Nunca como ahora la izquierda podía haber tenido posibilidades reales de aumentar significativamente su apoyo, y de paso dar una lección democrática a los hijos e hijastros de la dictadura.
Se habló profusamente de las elecciones de izquierda, de un mecanismo amplio, directo y transparente para elegir al candidato presidencial de nuestra colectividad. Se habló de nuevos aires y nuevos vientos, tal como se hizo en los antiguos spots electorales. En definitiva, se pretendía ventilar con aires democráticos las salas viciadas por los cigarrillos de la derecha (Concertación y Alianza)
Se enfrentaría con democracia a la exclusión del binominal, se contrastaría con transparencia a la corrupción Concertacionista y el tráfico de influencias de la Alianza.
Espantaríamos con nuestra luz, las sombras de la dominación y de las determinaciones del pasado.
Se abrieron así nuevas expectativas. Algunas personas volvieron a creer, incluso los medios cómplices del poder informaron sobre este próximo evento.
Todo hacía presagiar un buen segundo tiempo, se había diseñado una buena jugada que nos llevaría a la victoria.
Pero surgieron los primeros rumores, las primeras voces, las primeras declaraciones. Esos pequeños ecos que son preludio de las grandes catástrofes, esas pequeñas bisagras que con sus apagados sonidos anuncian que las antiguas máquinas burocráticas han vuelto a funcionar.
Todo se resumió en “estamos confeccionando el mejor mecanismo para elegir democráticamente a nuestro candidato unitario”. Luego surgió la famosa imposibilidad de realizar una consulta nacional. Para rematar, se destruyó todo este intento democrático cuando aparecieron nuestros ya viejos conocidos; los “delegados”.
Asamblea fue el eufemismo elegido para ocultar el manejo cupular que realizará la izquierda extraparlamentaria a mediados de Abril. Delegados es el concepto de democracia que manejan sus burocracias.
Y nuevamente nos vinimos abajo, nuevamente es desde arriba que se crean las redes de la izquierda. Nuevamente los vanguardistas trasnochados hacen gala de su incapacidad para representar a nuestro pueblo.
Así nos fuimos al carajo nuevamente, denuevo desaparecemos de la vida política y de la opinión pública. Posiblemente se repetirá nuestra actuación de Jóker en la baraja electoralista de la Concertación.
Quizás, habremos desaprovechado una inmensa oportunidad, condenándonos al segundo gobierno del Tucán o al primer gobierno del Piraña.
¿Dónde podemos encontrar alguna pizca de democracia directa o incluso representativa en la famosa Asamblea de Abril?
Todos sabemos bien a que se refieren con que de las “organizaciones sociales y sindicales” van a surgir los delegados que en la Asamblea dirimirán quien será el próximo candidato.
¿Serán esas numerosas organizaciones culturales y “sociales”, esos infaltables comités pro algo, las insuficientes brigadas por x, etc, las que realmente darán una opinión concreta de lo que sucede en Chile de manera general?
Por favor, no nos vengan con ese cuento. Sabemos perfectamente que en esas organizaciones no fluctúan más de cinco personas, por lo cual es imposible que sean representativas del sentir del pueblo. A su vez, hay suficiente evidencia de que las únicas actividades que realizan durante el año son estas famosas e inútiles asambleas, además de su apoyo a las candidaturas políticas de izquierda, junto con sus eventos y sus ínfimas marchas.
Es conocido además, que sus directores, sus dirigentes y sus participantes son los mismos apernados en las estructuras de los mínimos partidos de izquierda. Esos que se repiten los cargos en cuanta cosa de izquierda haya. Esos, cuyos parientes hacen del nepotismo una forma vivir. Esos, que son los que viven de los pitutos caídos de la mesa en la que comen los chanchos de la Concertación.
En resumen, cero posibilidades de ganar, tanto las elecciones como la confianza de la gente. Nula superación histórica de nuestros errores y derrotas, y la reiteración casi absurda de tropezarnos siempre con las mismas piedras. Ausencia absoluta de democracia, popularidad y ganas de construir un nuevo Chile, o dicho de otro modo, carencia absoluta de revolución, de lucha, de construcción, de crítica y de superación.
Nos metimos tres autogoles y nos metieron cinco de manera deshonrosa. Pero no se sorprendan amigos, el partido estaba arreglado. Parece que ahora tendremos estadio propio compañeros…
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